Empiezo a pensar que tengo una especie de imán para atraer los problemas de la gente. La mayoría de las personas que conozco han cogido confianza conmigo contándome sus problemas. No es que me moleste ni mucho menos, porque me gusta ayudar en lo posible, aunque sea sólo escuchando o dando algún consejo. Lo que no entiendo es por qué cuando yo necesito desahogarme con alguien, cuando me gustaría tener a alguien a mi lado a quien contarle algo, o cuando la gripe se está cebando conmigo, ninguna de esas personas parecer tener libre ni 20 minutos de su vida o 30 segundos al menos para mandar un sms. Procuro darle ánimos a todo el mundo que lo está pasando mal, echar una mano en lo que sea...pero me agoto mentalmente. Me da un poco de pena y rabia al mismo tiempo porque no sé si esas personas acudieron a mi por ser yo o porque en realidad no tenían a otra persona que les escuchara. O a lo mejor todo es culpa mía, que se me da mejor escuchar que hablar.
Hace un tiempo, en una de esas cadenas de e-mails en las que se te amenaza con morir si no lo reenvías (creo que he muerto ya unas pocas de veces) venía este vídeo y me puso la piel de gallina.
El video me ha encantado...
ResponderEliminarY en cuanto al resto, al menos tú haces lo que puedes para echarles una manita. Seguro que acaban dándose cuenta de que de vez en cuando tú también lo necesitas...
Desde aquí, un besito
:) seguro que si... Muchas gracias por la visita! Otro beso desde aquí
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